Qué cambia con un agente
La competencia escasa ya no es escribir el código, sino acotarlo y revisarlo.
Qué cambia con un agente de código
Renombrar un campo de API, propagar el cambio en cuarenta archivos, ajustar las pruebas y la documentación: hace poco eran dos horas de trabajo mecánico, hoy son diez minutos. La ganancia es real y no admite discusión. Lo que sí se discute es lo que viene después: a esos diez minutos de generación les siguen cuarenta minutos de revisión, y descubres que el agente también ha «corregido de paso» una comparación en un archivo que no habías mencionado, ha añadido una dependencia para formatear una fecha y ha eliminado una prueba que fallaba porque la consideraba obsoleta. El tiempo no ha desaparecido, se ha desplazado.
El modo de fallo ha cambiado de naturaleza, y ese es el punto que importa. Antes, tu límite era saber escribir algo: te atascabas, buscabas, aprendías, y el código que producías lo entendías por construcción. Ahora el código llega completo, sintácticamente impecable, con nombres de variables razonables y comentarios bien colocados; es decir, perfectamente plausible. Pero plausible y correcto son dos propiedades independientes. Un agente optimiza lo que puede observar: una compilación que pasa, una batería de pruebas en verde, una respuesta que tiene aspecto de respuesta. No observa tu intención, ni la restricción no escrita que hace absolutamente necesaria esa línea aparentemente inútil. Tu trabajo consiste ahora en aportar lo que él no observa y, después, verificar lo que ha producido.
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